jueves, 18 de noviembre de 2010

candombeflamenco

Lágrima Ríos, Rosa Luna y Marta Gularte.Homenaje a tres diosas de ébano
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Sáb, 13 de Nov, 2010 11:58 pm


Este año los Días del Patrimonio estarán dedicados a una de las esencias culturales más genuinas de nuestro país: la relacionada con el Candombe como sonido raigal nuestro. Y en ese contexto, las figuras emblemáticas que se van a homenajear son nada menos que las tres artistas que —cada una a su modo— encarnaron el espíritu afrouruguayo a través de lo artístico:
Lágrima Ríos, Rosa Luna y Marta Gularte.

La señora Lágrima Ríos fue quien le dio voz al ritmo del Candombe. Excelente cantante, comenzó con el bolero pero su aspiración era la de llegar a cantar tangos. Y lo hizo de la mejor manera, ya que se transformó en una de las voces más estimables del género en el Río de la Plata. Pero nunca dejó el Candombe, que encontró en ella su tono y su fraseo más adecuados, como encontró en Romeo Gavioli el músico que le daría elaboración orquestal.

Lágrima tiene el mérito de haber sacado el sonar de tambores de los límites estrechos del conventillo y la esquina del sur, haciéndolo pasear —gracias a su magnífico canto— por las noches brillantes de la calle Corrientes y la calle San José, en aquellos cabarets glamorosos que hoy conocemos por las viejas películas argentinas.

En el baile la acompañaron dos figuras que iban a dar que hablar: Canela, que todavía no se decidía a dejar del todo las maracas y abrazar para siempre el tamboril, y una vedette esplendorosa, de belleza deslumbrante, que se llamaba Marta Gularte.

Ella es, precisamente, la segunda homenajeada por los Días del Patrimonio en este año. Marta no fue la primera vedette de Candombe; la que abrió el fuego fue la Negra Johnson, que también provenía del cabaret. Estos centros nocturnos generaron una estética basada en la coreografía, que giraba en torno a ritmos de moda en la época como el mambo. En tal estética se inspiró el cine musical de Hollywood, y la misma tuvo su diosa encarnada que se llamó Carmen Miranda.

La Johnson sacó la coreografía a la calle y la unió a las comparsas, pero Marta Gularte —con su encanto y magnetismo— tornó habitual y deseada la figura de la vedette bailando y desfilando junto a los personajes clásicos. Y al pasar de los años, se transformó en emblema y arquetipo no sólo del Carnaval sino de toda una forma de ser montevideana. Fue además, al igual que Lágrima Ríos, una luchadora constante en pro de la causa de los afrouruguayos.

Por su parte Rosa Luna, la tercera homenajeada patrimonial, tuvo el mérito de darle mayor desparpajo al rol de la vedette, e incluso hasta cierto humor. Mientras que Marta se percibía algo distante en medio de su paso sensual y rutilante que agitaba corazones masculinos, Rosa constantemente prodigaba besos y sonrisas a diestra y siniestra. Ambas se complementaban en última instancia, y marcaron el rumbo de dos modelos de ser vedette de comparsa. Las hermanaba la fuerte personalidad y la brillantez del baile.

El Candombe como identidad

El característico tam tam de los tambores llegó al Río de la Plata con el arribo de los primeros esclavos. Estos trajeron los sonidos africanos, que se fueron adaptando a la nueva realidad. Los tambores se tornaron en tamboriles, fabricándose los instrumentos con barricas vacías —de esas que se usaban para el transporte de diferentes productos alimenticios— a las que se dejaba el fondo abierto cerrándose arriba con un trozo de lonja bien tensado. Las barricas tenían varios tamaños; fue así que nacieron los diferentes tipos de tamboril: chico, repique y grande. Esta circunstancia puntual enriqueció el registro sonoro de los toques.

Los esclavos de todas las familias "de pro" rioplatenses se reunían los domingos. Los amos les concedían esa licencia para su recreación, pero muchos destinaban esas horas a realizar —soterradamente— rituales religiosos traídos del otro lado del océano. En tales ceremonias, realizadas extramuros —en Montevideo por el Cubo del Sur, y en Buenos Aires en algún barracón del entonces suburbano barrio de Montserrat— los tamboriles eran los protagonistas.

Francisco Acuña de Figueroa, autor del Himno Nacional y además el poeta más conocido en las primeras décadas del siglo XIX, dejó testimonio en varias crónicas de estas "fiestas de negros" (así se les llamaba) en las que a menudo participaba. Se realizaban durante todo el año, pero había algunas especiales que se denominaron "llamadas".

Los personajes y su evolución

El Candombe generó sus propios personajes: la Mama Vieja, el Gramillero y el Escobero, son algunos de ellos. Algunos morenos se ataviaban con ropa vieja prestada para la ocasión. Y en sus evoluciones al son de los tamboriles parodiaban los gestos y maneras de los amos.

Pero hubo otros personajes que se han perdido. Por ejemplo: el Rey y la Reina, que aparecían de manera especial en la LLamada del Día de Reyes. Estos "soberanos", que eran coronados con gran pompa, visitaban a las autoridades y éstas debían recibirlos.

Durante la presidencia de Frutos Rivera, éste abrió las puertas del Fuerte (ubicado en donde más tarde se construyó la plaza Zabala), que era el recinto de gobierno, al Rey y la Reina de la Llamada, a quienes agasajó como si fueran grandes dignatarios.

Raíces africanas del tango

No hay que olvidar que la música urbana por excelencia de las ciudades del plata tiene en su origen y conserva en su estructura melódica rasgos del candombe.

Hasta en el nombre. Tan-gó llamaban los negros a la cita colonial de extramuros que tenía tanto de ritual y religiosa. Pero no sólo eso: remontándose a los tangos más antiguos —de Arolas para atrás— se descubren los ritmos y compases que evocan el sonar reiterativo de los tamboriles.

Por cierto: el tango, producto de un formidable y fecundo sincretismo musical, tiene además mucho de la milonga y de aires italianos, al tiempo que en su evolución fue incorporando muchas otras influencias. Pero seguramente no sería tan mágico su ritmo y su compás, de no haber tenido en la génesis lo africano.

Alejandro Michelena
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16.11.2010La UNESCO ha declarado el flamenco como Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. La Unesco también reconoce como Patrimonio Inmaterial el canto mallorquín de la Sibila; los "castells", castillos humanos que se levantan en Cataluña, la dieta mediterránea y la cetrería.

En una reunión de su Comité Intergubernamental, en Nairobi, la Unesco ha ampliado la lista de patrimonio inmaterial, en la que ahora quedan incluidos estos cinco elementos españoles.

El flamenco y la dieta mediterránea
De las cinco candidaturas españolas, el flamenco se presentaba por segunda vez tras un primer intento fallido en 2005.

Es una manifestación cultural que supone una seña de identidad en Andalucía y un icono de España en el mundo, un patrimonio oral transmitido de generación en generación y valorado por un pueblo que lo reconoce como parte de su identidad.

Más suerte ha tenido la dieta mediterránea, una candidatura trasnacional que ha entrado en la lista de la Unesco en el primer intento.

Una dieta que sigue vigente 9.000 años después de originarse y a la que los científicos le atribuyen cada vez más bondades.

Frutas, verduras, hortalizas, legumbres, aceite de oliva como grasa esencial, pescado y un consumo moderado de carnes y lácteos son los pilares de la alimentación mediterránea, y España, Grecia, Italia y el norte de Marruecos las zonas geográficas que tienen su "custodia compartida".

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) han reconocido la Dieta Mediterránea como un modelo alimentario de calidad, saludable y sostenible.

Los "Castells", el canto de la Sibila y la cetrería
Junto a estas dos candidaturas, el comité de la Unesco ha reconocido la importancia de los "castells", las torres humanas que se levantan en las plazas de Cataluña desde hace doscientos años y que han llegado hasta los diez pisos, aunque sólo en dos ocasiones.

También es desde hoy Patrimonio Inmaterial el canto medieval de la Sibila, originario de la isla de Mallorca, un drama litúrgico y canto gregoriano que se interpreta en las iglesias de Mallorca en los maitines de Navidad.

Y la cetrería, un arte milenario, un tipo de caza en el que se utilizan las aves rapaces, especialmente el halcón peregrino.

Esta ha sido una nueva proclamación de este tipo desde que la UNESCO creará, en 1998, este reconocimiento internacional llamado 'Proclamación de las obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad'.

En concreto, el 18 de mayo de 2001, la Unesco proclamó por primera vez una lista de obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad. Entonces fueron reconocidas un total de 19 obras -una en España, El Misterio de Elche, tres en Europa, siete en Asia, cuatro en América Latina-, una lista a la que periódicamente se han sumado nuevas incorporaciones.

Este proyecto español en torno al flamenco, junto con 54 más de todo el mundo, había llegado a la finalísima. En el camino se han quedado más de 60 que no han reunido los requisitos suficientes. La candidatura española ha aportado además de un proyecto sólido, el aval de 25000 firmas de apoyo conseguidas a través de una campaña a través de internet, presentaciones internacionales o un concierto de Paco de Lucía en el Teatro Real de Madrid.

Convencimiento total
El pasado lunes 8 de noviembre en la presentación del XV Festival de flamenco de Jerez, el Consejero de Cultura de Andalucía, Paulino Plata, se mostró "convencido" de que la Unesco declararía al flamenco como Patrimonio Cultural de la Humanidad ya que el expediente remitido a la Unesco era "muy completo" y está "muy bien elaborado", por lo que en su opinión cumplía con todos los requisitos exigidos por la institución para que fuese declarado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Sin embargo, Plata mostró dudas respecto a cuánto tardaría en resolverse el expediente, ya que el comité encargado de esta labor se encuentra "en la mitad de un larguísimo orden del día" y, por tanto, podría verse obligado a esperar a una nueva reunión en caso de que deba levantarse la sesión por falta de tiempo. Afortunadamente las cosas han salido bien.

En 2005 ya lo intentamos en una candidatura impulsada por la entonces Consejera de Cultura y después ministra, Carmen Calvo, en aquella ocasión nos quedamos con las ganas.

Razones de sobra
Para la actual Ministra de Cultura, Angeles González-Sinde, este arte tiene "sobradas razones" para convertirse en patrimonio de la humanidad y tras permanecer muchos años bajo una "visión marginal", han sido los artistas quienes han favorecido la "alta consideración de la que hoy goza", así lo destacó en uno de los actos de presentación de la candidatura. En este mismo ámbito y sentido se manifestaron el escritor Félix Grande o la bailaora Sara Baras.

Grande subrayó que "no desconoció la pobreza, la humillación, el desprecio ni las lágrimas", pero -ha añadido- "pasó el tiempo y los artistas fueron creando un código expresivo único en el mundo y las lágrimas de hoy son de felicidad". A su juicio, la declaración sería "una reparación retrospectiva para un lenguaje universal que fue durante mucho tiempo desdeñado".

Por su parte, Baras había defendido que el flamenco tiene valores "esenciales" para la propia vida ya que "sale de los sentimientos y se clava directamente en el corazón". Es, según sus emotivas palabras, "expresión de momentos trágicos y de otros de alegría" y tiene capacidad para "llegar a cualquier corazón del mundo". Para Enrique Morente la humanidad ya goza del patrimonio
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